ACRÓSTICO
EL ALBA
INCLUIDO EN LA COLECCIÓN
«MICROCUENTOS Y OTRAS HISTORIAS»
Echó anclas ante la sugerente amenaza de su carmín bermellón.
La clandestinidad del faro contemplaba cómplice el rubor de sus mejillas; tensa calma vaticinaba tormenta.
Atrevido, se encendió con un fogonazo de luz abriéndose paso.
Latía el pulso de los primeros chispazos.
Brillaba el cielo ardiendo en llamas.
Al alba quiso huir y la tempestad estalló.
Por María Villaverde Cagigal
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Etiquetado Acrósticos, Prosa poética